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Hasta el 25 de marzo

El poder de emoción del sonido, la identidad personal y cotidiana, generan en su unión una visión colectiva que nos permite entender mejor el espacio, comenta en una entrevista José Luis Carles.

El hombre, en su reciente evolución, ha ido a la búsqueda del paisaje sonoro ideal, sobre todo en la medida en el que la propagación del “ruido” ha ido adueñándose del entorno. Pero ¿cuál es ese paisaje ideal? ¿El ruido es igual para todos?

La rentabilidad ha transformado barrios haciendo que actividades, junto con sus correspondientes sonidos, se trasladen a otras zonas. Legazpi, por ejemplo, ha pasado de ser una zona industrial a una zona residencial. Es fácil darse cuenta de como la hegemonía económica y la globalización han estandarizado el modo en que percibimos el entorno sonoro, aislándonos de él y dificultando la escucha. ¿Qué oímos? ¿Cómo lo analizamos?.

Con la intención de responder a estas preguntas, de aprender y entender los sonidos que conforman lo cotidiano, aquellos que forman parte del día a día pero a los que no les prestamos atención, esta instalación se compone de pequeñas historias y percepciones de los vecinos, que unidas generan una representación de la memoria sonora de Arganzuela.

Murray Schafer sugirió que el paisaje sonoro es una composición “Universal” de la que todos somos compositores, y además somos el instrumento como dice Esther Ferrer del grupo ZAJ, por lo que esta instalación estaría incompleta sino hubiese visitantes generadores de nuevos sonidos. Los 4 cubos presentes en esta instalación los simbolizan, y al introducirlos en el espacio aportan elementos complementarios que interactúan con los habituales del distrito. La instalación, en algunos momentos, quedará muda sin visitantes, pero al igual que la percepción del ruido no es para todos la misma, nos preguntamos qué ocurrirá en los momentos de inactividad, ¿podemos decir que habrá silencio? ¿seguirán las historias que sucedan alrededor manteniendo la representación sonora activa?

Te invitamos a recorrerla y a jugar con sus calles imaginarias dejando que los sonidos se acerquen, se unan y cambien según te desplaces. También a escuchar los cubos entremezclándose y generando nuevas interacciones. Esperamos que al introducirte en este barrio subjetivo, por medio de una escucha atenta, te sumerjas en este paisaje sonoro, viviendo así tus propios 6.552.100 metros cuadrados de sonido.

Sobre Metros cuadrados de sonido
Metros cuadrados de sonido nació en 2010, con el apoyo de las ayudas a la creación contemporánea de ese mismo año, con la intención de investigar, observar y aprender sobre el espacio sonoro, por medio de estrategias intermedias entre la música experimental, el arte sonoro, la geolocalización y la creación colectiva. Durante unos meses Intermediae albergó charlas, un taller de introducción a la práctica de la fonografía y varios conciertos. Es en esta instalación sonora, 6552100, donde los conocimientos adquiridos y la investigación generada del trabajo de campo se llevan a una visión artística e interactiva del distrito de Arganzuela.

Metros cuadrados de sonido: Miguel Ángel Lastra, Ángel Galán y Ana García Angulo con el apoyo técnico de Monster electronics.